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Amianto enfermedad: Cáncer y sus peligros

Exploraremos a fondo todo lo que necesitas saber sobre este mineral, desde las enfermedades que provoca hasta las profesiones más expuestas. Descubriremos cómo el amianto ha dejado un legado mortal en el pasado y sigue representando un riesgo significativo en el presente.
Amianto enfermedad
Tabla de contenidos

Enfermedades que provoca el amianto

La presencia del amianto en diversas estructuras ha generado una preocupación constante debido a los riesgos significativos para la salud que conlleva. Aunque su uso se ha prohibido en muchos países, como en España desde el año 2002, la presencia de materiales que contienen amianto aún persiste en muchas edificaciones, representando una amenaza silenciosa para la salud pública.

El amianto, una vez inhalado, puede desencadenar una serie de enfermedades graves que afectan principalmente al sistema respiratorio. Es fundamental destacar que estas enfermedades pueden manifestarse décadas después de la exposición inicial al amianto, lo que dificulta su diagnóstico temprano y limita las opciones de tratamiento efectivo. Por esta razón, la eliminación segura de materiales que contienen amianto y la prevención de la exposición son de vital importancia para proteger la salud pública.

Asbestosis

Considerada la enfermedad más común relacionada con la exposición al amianto, la asbestosis es una enfermedad pulmonar crónica que resulta de la inhalación prolongada de fibras de amianto. Las fibras inhaladas se alojan en los pulmones, causando cicatrices y fibrosis pulmonar. Los síntomas incluyen tos persistente, dificultad para respirar (disnea), opresión en el pecho y fatiga. El tratamiento se centra en aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente, pero no existe una cura definitiva. Se pueden utilizar medicamentos y terapias para controlar los síntomas y mejorar la función pulmonar, pero en casos avanzados, puede ser necesario un trasplante de pulmón.

Enfermedades que provoca el amianto

Mesotelioma

Considerada la enfermedad más peligrosa asociada con la exposición al amianto, el mesotelioma es un cáncer agresivo que afecta el revestimiento de los pulmones, el abdomen u otros órganos. La exposición al amianto es el principal factor de riesgo para el desarrollo de esta enfermedad, y suele manifestarse décadas después de la exposición inicial. Los síntomas incluyen dolor en el pecho, dificultad para respirar, fatiga, pérdida de peso inexplicada y tos persistente. El tratamiento del mesotelioma puede incluir cirugía, quimioterapia, radioterapia e inmunoterapia, pero la enfermedad suele ser diagnosticada en etapas avanzadas, lo que limita las opciones de tratamiento y reduce la esperanza de vida del paciente.

Cáncer de pulmón

La inhalación de fibras de amianto también aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón. Los síntomas son similares a los del cáncer de pulmón relacionado con otros factores, e incluyen tos persistente, dificultad para respirar, dolor en el pecho, pérdida de peso inexplicada, tos con sangre y fatiga. El tratamiento del cáncer de pulmón puede incluir cirugía, quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia y terapia dirigida, dependiendo de la etapa y la extensión del cáncer.

Asbestosis, mesotelioma, cáncer de pulmón y cáncer de laringe son las enfermedades más comunes por amianto

Cáncer de laringe y de ovario

Aunque menos comunes que el cáncer de pulmón y el mesotelioma, la exposición al amianto también se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de laringe y cáncer de ovario. Los síntomas varían según el tipo de cáncer y la ubicación, pero pueden incluir cambios en la voz, dificultad para tragar, dolor en la región afectada, sangrado vaginal anormal y aumento del tamaño del abdomen. El tratamiento para estos tipos de cáncer puede incluir cirugía, quimioterapia, radioterapia y terapias dirigidas, según sea necesario.

Amianto y su relación con el cáncer a lo largo de los años

El vínculo entre el amianto y las enfermedades, en particular el cáncer, se remonta a décadas atrás, marcando un oscuro capítulo en la historia de la salud pública. En los años 70, en Estados Unidos, comenzaron a surgir los primeros indicios de los peligros asociados con la exposición al amianto. Sin embargo, fue en la década siguiente, en los años 80, cuando estos estudios adquirieron una base sólida, revelando las consecuencias devastadoras que el amianto podía tener para la salud humana.

Estos descubrimientos llevaron a la implementación de medidas de protección, especialmente dirigidas a los trabajadores de las fábricas de materiales con amianto y a los empleados de empresas de construcción, quienes manipulaban estos materiales en su trabajo diario. Al principio, se recurrió al uso de mascarillas y trajes especiales para reducir la inhalación de fibras de amianto y prevenir la contaminación en la ropa que llevarían a casa. Estos apaños fueron realmente insuficientes.

Sin embargo, a pesar de la evidencia creciente y las medidas de protección implementadas, las regulaciones y legislaciones para abordar adecuadamente este problema tardaron en llegar, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Para la década de los 70 y 80, ya se registraban casos de enfermedades graves, como el cáncer, entre aquellos expuestos al amianto. Pero fue en los años 90 cuando la magnitud del problema estalló, con un aumento significativo en el número de personas enfermas y afectadas por la exposición al amianto.

Fue entonces cuando las demandas comenzaron a surgir, impulsadas por aquellos que habían sufrido las consecuencias devastadoras de la exposición al amianto, incluido el cáncer y otras enfermedades que ya hemos comentado. Este aumento en la conciencia pública y la presión legal finalmente condujo a la prohibición del amianto en numerosos países, incluida España, que implementó la prohibición en el año 2002.

Aunque se tomaron medidas para prohibir el uso del amianto, las secuelas de décadas de exposición siguen afectando a muchas personas en la actualidad. Es un recordatorio constante de la importancia de la vigilancia continua, la educación y la implementación de medidas de seguridad efectivas para proteger la salud pública contra los peligros del amianto y sus consecuencias mortales, como el cáncer.

¿Cuántos años debo respirar uralita con amianto para enfermar?

La pregunta sobre cuánto tiempo se necesita estar expuesto al amianto para desarrollar una enfermedad es compleja y no tiene una respuesta única. Hay casos documentados de personas que han desarrollado enfermedades relacionadas con el amianto después de períodos de exposición que varían desde unos 20 años hasta 30 o 40 años después.

Por ejemplo, los trabajadores de las fábricas de amianto, quienes estuvieron intensamente expuestos al manipular este material, fueron especialmente vulnerables. Incluso con solo unos pocos años de exposición, estos trabajadores pudieron experimentar problemas de salud graves debido a la alta concentración de fibras de amianto a la que están expuestos en su entorno laboral.

La variabilidad en el tiempo de desarrollo de la enfermedad está influenciada por varios factores, incluido el estado en el que se encuentra el amianto y la cantidad de fibras inhaladas. Cuando el amianto está en un estado friable o deteriorado, es decir, desgastado y poroso, aumenta significativamente el riesgo de dispersión de fibras en el aire, lo que incrementa la posibilidad de inhalación y, por lo tanto, de enfermedad.

En general, cuanto más tiempo se esté expuesto al amianto y en peores condiciones esté el material que lo contiene, mayor será el riesgo de desarrollar una enfermedad relacionada con el amianto. Es importante destacar que incluso una exposición breve a concentraciones altas de fibras de amianto puede ser suficiente para desencadenar enfermedades graves.

En España, donde el uso del amianto se prohibió en el año 2002, la presencia de este material en edificaciones anteriores sigue representando un riesgo significativo para la salud pública. Dado que muchos de estos materiales con amianto en tejados o bajantes pueden haber alcanzado el fin de su vida útil, es crucial que cualquier persona que sospeche haber estado expuesta al amianto durante un período prolongado se someta a una evaluación médica lo antes posible.

La detección temprana de enfermedades relacionadas con el amianto puede marcar la diferencia en el pronóstico y el tratamiento. Si se confirma la presencia de amianto en el entorno laboral o doméstico, es fundamental contratar los servicios de una empresa de desamiantado certificada, que pueda eliminar de manera segura y adecuada el material contaminado y llevarlo a un vertedero autorizado para su disposición final. La prevención y la acción rápida son clave para proteger la salud frente a los riesgos persistentes del amianto.

Las enfermedades por amianto salen tras más de 10 años de exposición a sus fibras

¿Cuál es el proceso para que una persona enferme por culpa del amianto?

El amianto se revela con el tiempo como un enemigo silencioso para la salud humana. Su estructura fibrosa por culpa del amianto, puede tener consecuencias devastadoras para quienes están expuestos a él.

El amianto, con el paso de los años o cuando se expone a condiciones extremas, tiende a deteriorarse. Este deterioro puede ser el resultado de la exposición a la intemperie, la manipulación constante o simplemente el envejecimiento natural del material (suele tener 30 años de vida útil). A medida que el amianto se desgasta, comienza a liberar fibras microscópicas en el aire. Estas fibras son el verdadero peligro. Inhaladas durante un período prolongado, pueden penetrar profundamente en los pulmones y alojarse en el tejido respiratorio. Es este proceso de inhalación y acumulación lo que conduce a las enfermedades relacionadas con el amianto, como la asbestosis, el mesotelioma y el cáncer de pulmón.

Imaginemos el caso de alguien que tiene uralita en el tejado de su casa. Cada día, al pasar por debajo de ese tejado, inhala pequeñas cantidades de fibras de amianto liberadas por la degradación del material. A corto plazo, puede no notar ningún efecto, pero a medida que pasan los años, estas fibras acumuladas en sus pulmones pueden causar estragos en su salud.

Los antiguos trabajadores de las fábricas de amianto o aquellos que han pasado años en la industria de la construcción fueron los más vulnerables. Su exposición intensa y prolongada aumenta significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el amianto en el futuro.

Es un proceso insidioso que puede pasar desapercibido durante años, pero sus consecuencias pueden ser devastadoras. Por eso es fundamental tomar medidas preventivas, como la evaluación regular de la presencia de amianto en el entorno y la contratación de profesionales capacitados para su eliminación segura. La conciencia y la acción son clave para proteger la salud contra los peligros persistentes del amianto.

¿Cómo saber si tengo amianto en los pulmones?

La preocupación por la exposición al amianto y sus posibles efectos en la salud puede generar ansiedad y preguntas urgentes sobre cómo determinar si uno ha sido afectado. Si existe la sospecha de haber estado expuesto al amianto durante un período prolongado, es crucial buscar atención médica para realizar pruebas específicas que ayuden a evaluar cualquier posible daño a los pulmones u otras partes del cuerpo.

La primera y más importante recomendación es acudir a un médico especializado en enfermedades respiratorias o un neumólogo. Estos profesionales de la salud están capacitados para identificar y diagnosticar enfermedades relacionadas con la inhalación de fibras de amianto.

Entre las pruebas que pueden realizarse para evaluar la presencia de amianto en los pulmones y descartar enfermedades asociadas se encuentran:

  • Radiografía de tórax: Una radiografía de tórax puede ayudar a detectar posibles anormalidades en los pulmones, como placas pleurales o engrosamiento pleural, que son características de la exposición al amianto.
  • Tomografía computarizada (TC) de tórax: La TC de tórax es una prueba más detallada que puede proporcionar imágenes más precisas de los pulmones y el tejido circundante, lo que permite detectar incluso pequeñas anormalidades asociadas con la exposición al amianto.
  • Pruebas de función pulmonar: Estas pruebas miden la capacidad pulmonar y la eficiencia respiratoria, lo que puede ayudar a identificar problemas respiratorios relacionados con la exposición al amianto, como la asbestosis.
  • Biopsia: En casos donde se sospecha cáncer de pulmón u otras enfermedades graves, puede ser necesaria una biopsia para obtener una muestra de tejido pulmonar para su análisis bajo un microscopio.

Es importante destacar que la detección temprana de enfermedades relacionadas con el amianto puede marcar una gran diferencia en el pronóstico y el tratamiento. Por lo tanto, si existe la sospecha de haber estado expuesto al amianto o si se experimentan síntomas respiratorios persistentes, es fundamental buscar atención médica lo antes posible. La colaboración con profesionales de la salud y el seguimiento de sus recomendaciones son pasos cruciales para proteger la salud frente a los riesgos del amianto.

El amianto llega al llegar a los pulmones se convierte en algo peligroso

Estadísticas de personas han tenido una enfermedad por culpa del amianto

Las cifras revelan una realidad alarmante: aproximadamente 125 millones de personas en todo el mundo están expuestas al amianto en sus lugares de trabajo. De hecho, se estima que la mitad de todas las muertes por cáncer de origen laboral son causadas por el amianto.

La gravedad de la situación se intensifica aún más cuando se considera la interacción entre el amianto y otros factores de riesgo, como el tabaquismo. La exposición conjunta al humo del tabaco y a las fibras de asbesto aumenta significativamente el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón, lo que agrava aún más el panorama de salud pública.

– Enfermos en España por culpa del amianto

En España, las cifras son igualmente preocupantes. Entre 1994 y 2008, se registraron 3.943 muertes relacionadas con la exposición al amianto, según datos proporcionados por el estado español. Sin embargo, muchas asociaciones sostienen que esta cifra subestima enormemente la verdadera magnitud del problema.

Se estima que podrían producirse hasta 130.000 muertes relacionadas con la exposición al amianto antes del año 2050, si no se toman medidas urgentes para abordar este problema.

Lo más preocupante es que el 40% de estas muertes aún no han ocurrido, lo que destaca la urgencia de tomar medidas preventivas y de protección de la salud pública. Sin embargo, incluso cuando se producen muertes por enfermedades relacionadas con el amianto, la justicia para las víctimas a menudo es esquiva. Solo el 9% de los hombres que fallecieron en España entre 2007 y 2017 por mesotelioma, debido a la exposición ocupacional al amianto, fueron reconocidos como enfermos profesionales. Este porcentaje es aún menor entre las mujeres, lo que destaca la necesidad de una mayor conciencia, protección legal y atención para quienes han sido afectados por los devastadores efectos del amianto.

Datos sobre los enfermos de amianto en Europa

A nivel europeo, el amianto cobra un precio devastador cada año, causando aproximadamente 88.000 muertes, lo que representa entre el 55% y el 85% de todos los cánceres de pulmón relacionados con el trabajo. Los datos en otros lugares del mundo son difíciles de recoger y apenas pueden sacarse grandes conclusiones.

Profesionales son lo que más enfermedades sufren por amianto

¿Qué profesiones tienen más riesgo de tener una enfermedad por amianto?

El amianto, omnipresente en una amplia gama de industrias durante décadas, sigue dejando problemas para la salud en diversas profesiones de la actualidad. Aunque este prohibido en muchos sitios aun queda amianto en muchos de los edificios de cualquier parte del mundo. Aquí hay una lista de algunas ocupaciones con un mayor riesgo de exposición al amianto y, por lo tanto, de desarrollar enfermedades relacionadas con este material peligroso:

  • Mineros de amianto: Como era de esperar, aquellos que trabajaban directamente en la extracción y procesamiento del mineral de amianto están expuestos a niveles extremadamente altos de este material fibroso, aumentando su riesgo de desarrollar enfermedades asociadas.

  • Mecánicos de aeronaves y automóviles: El amianto se utilizaba comúnmente en piezas de fricción, como frenos y embragues, en vehículos aéreos y terrestres. Los mecánicos que que realicen el mantenimiento o la reparación de estos vehículos están en riesgo de inhalar fibras de amianto liberadas durante el desgaste de estas piezas.

  • Operadores de calderas: Los trabajadores encargados de operar y mantener calderas, especialmente en edificios y fábricas más antiguas, estaban expuestos al amianto utilizado en el aislamiento y revestimiento de las calderas.

  • Albañiles: En el pasado, el amianto se usaba en una variedad de productos de construcción, como tejados de uralita y paneles de fibrocemento. Los albañiles que trabajan con estos materiales están en riesgo de inhalar fibras de amianto durante su manipulación y instalación. Ocurre mucho en reformas de casas cuando se encuentran con una tubería o una bajante de fibrocemento.

  • Electricistas: El amianto se utilizaba en la fabricación de productos eléctricos, como cajas de interruptores y cables aislantes. Los electricistas que trabajan en la instalación, mantenimiento o reparación de estos productos pueden estar expuestos al amianto, ya que todavía muchos de estos sistemas pueden contener amianto.

  • Trabajadores ferroviarios: El amianto se utilizaba en una variedad de componentes ferroviarios, incluidos frenos, aislantes térmicos y revestimientos de vagones. Los trabajadores ferroviarios estaban expuestos al amianto durante el mantenimiento y la reparación de estos equipos. En España por ejemplo se trabaja intensamente para eliminar el amianto del Metro de Madrid y de Barcelona.

  • Trabajadores de refinerías y molinos: En estas instalaciones, el amianto se utilizaba en equipos de alta temperatura, como hornos y tuberías, así como en aislamiento térmico. Los trabajadores están expuestos al amianto durante la operación, mantenimiento y reparación de estas instalaciones.

  • Trabajadores de astilleros: El amianto se usaba en una variedad de aplicaciones en la construcción naval, incluidos materiales de aislamiento y revestimientos. Los trabajadores de astilleros estaban expuestos al amianto durante la construcción, reparación y desmantelamiento de embarcaciones.

  • Trabajadores que retiran el aislamiento de amianto alrededor de las tuberías de vapor en edificios antiguos: Este trabajo conlleva un riesgo significativo de exposición al amianto, ya que las fibras pueden liberarse fácilmente durante la manipulación del aislamiento deteriorado.

En España, las regulaciones exigen que solo las empresas que pertenecen al Registro de Empresas con Riesgo por Amianto (RERA) pueden manipular, trabajar o retirar materiales con amianto. Sin embargo el cumplimiento de esta regulación no siempre es total y la protección de los trabajadores contra este material peligroso muchas veces es insuficiente. Es esencial aumentar la conciencia y la vigilancia para garantizar la seguridad de quienes trabajan en estas profesiones de alto riesgo.

Peligros del amianto

Profesiones en el pasado con riesgos para la salud

Además de las profesiones mencionadas anteriormente, hay que añadir a los empleados de fábricas de uralita y otras instalaciones que fabricaban materiales con amianto. Estos trabajadores estaban directamente expuestos a niveles alarmantes de amianto durante la producción y manipulación de estos materiales. Desde la extracción y procesamiento del amianto hasta la fabricación y el ensamblaje de productos que lo contenían, estas ocupaciones implicaban una exposición constante a este mineral peligroso.

Lo preocupante es que la exposición al amianto en estas profesiones del pasado sigue siendo una amenaza latente para la salud, incluso décadas después de que estas personas hayan abandonado sus empleos. Las enfermedades relacionadas con el amianto, como la asbestosis, el mesotelioma y el cáncer de pulmón, pueden tardar años, e incluso décadas, en desarrollarse después de la exposición inicial al amianto.

Por lo tanto, incluso aquellos que dejaron estas ocupaciones hace años aún pueden estar en riesgo de desarrollar enfermedades graves debido a la exposición pasada al amianto. Esta realidad destaca la importancia de la vigilancia continua de la salud y la conciencia sobre los riesgos del amianto, así como la necesidad de apoyo y atención médica adecuada para quienes pueden haber estado expuestos en el pasado.

Todo lo que debes saber sobre los peligros del amianto

A lo largo de este recorrido por los peligros del amianto, hemos explorado diversos aspectos que subrayan la urgencia y la gravedad de este problema de salud pública.
Desde las enfermedades que provoca el amianto hasta su relación con el cáncer a lo largo de los años, hemos examinado cómo la exposición a este mineral puede tener consecuencias devastadoras para la salud, incluso décadas después de la exposición inicial. Hemos visto cómo, a pesar de las medidas de protección implementadas, las regulaciones y legislaciones para abordar este problema tardaron en llegar, exponiendo a trabajadores de diversas industrias a riesgos innecesarios.

Exploramos también el tiempo necesario para desarrollar una enfermedad por amianto, destacando cómo incluso una exposición breve puede tener consecuencias graves, especialmente cuando el amianto está en un estado friable o deteriorado.

Hemos examinado qué profesiones tienen un mayor riesgo de exposición al amianto, tanto en el pasado como en el presente, y cómo estas ocupaciones siguen representando una amenaza para la salud de quienes las ejercieron y aún lo hacen.

Finalmente, hemos reflexionado sobre la importancia de la conciencia, la vigilancia de la salud y la acción preventiva para abordar los peligros del amianto. A pesar de las regulaciones existentes, queda claro que aún hay desafíos significativos en la protección de los trabajadores y el público en general contra los riesgos persistentes del amianto.

En conclusión, el amianto es un recordatorio sombrío de los peligros ocultos en nuestro entorno construido y laboral. Es esencial que continuemos educando, promoviendo la seguridad en el lugar de trabajo y adoptando medidas proactivas para proteger la salud pública contra este enemigo silencioso pero mortal. Solo a través de la acción concertada y el compromiso con la prevención podemos esperar mitigar los efectos devastadores del amianto y garantizar un futuro más seguro para todos.

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